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jueves, octubre 01, 2009

"¿En qué piensas?", me preguntaste…respondo

Pienso en cómo mis ojos te ven con lujuria y locura,
en cómo mi mente planifica cada segundo del reencuentro,
en cómo te abrazo y somos uno encima de cualquier cama,
en cómo te beso y me exaspero de la emoción hasta la asfixia.

Pienso en cómo, poco a poco, los besos se convierten en manos hábiles,
manos hábiles e impuras que no conocen de razón ni orientación,
en cómo tus pupilas, y no sólo ellas, dan señales de húmeda dilatación,
en cómo tus labios, y no sólo ellos, se encienden en sangre pasión.

Pienso en cómo acaricio tu rostro y tus hombros, y la piel que los une,
en cómo mis manos calzan con tus senos bajo erótica precisión,
en cómo tus caderas tiemblan anticipando el siguiente paso,
en cómo tus piernas abren camino a mis trémulas manos.

Pienso en mi dureza abriendo selva en tu interior suave y delicado,
en cómo el vaivén deleita a un ritmo lento que cede paso al desenfreno,
en cómo uno cae en mecánicos movimientos irrepetibles llenos de sabor,
en cómo la llegada no es la meta sino el inicio de otro placer.

domingo, junio 15, 2008

Adulterando los sentidos

Lleno el vacío sepulcral con la esperanza color de tus ojos,
empujo la idea de muerte presentándole tus ganar de vivir,
engaño al cruel destino con la ayuda de tu sonrisa matinal,
traiciono al temor lacerante haciendo mía tu ideología,
esquivo el pecado original con la astucia de las curvas de tu cuerpo,
miento a los últimos minutos de la noche jugando a ser tu poeta.

viernes, noviembre 02, 2007

En la espera de tu sexo

Espero con ansias la llegada eterna al paraíso ya probado, desnudo. Palpo con mi imaginación tu cuerpo entre mis dedos, tus hombros entre mis manos, tus senos entre mis labios. Recorro en el pensamiento la ruta hacia tu orgasmo, camino plagado de delicias, placeres, miedos y descubrimientos.

Anhelo cada gesto, exhalo, gemido dicho en mi nombre. Me deleito con la quimera de tu cuerpo haciéndose curva entre la luz que te ilumina por la ventana y la sombra de los placeres que reclamas. Recuerdo con dolor de hombre solitario el olor de tu cuello, de tus manos y de tu sexo. Espero el reencuentro con pasión y desesperación que harán de ese momento eterno, como se disfruta una escultura clásica, pero también inmediato por lo impertinente que es el tiempo en los buenos momentos de los amantes.

sábado, octubre 27, 2007

La vergüenza del amante

Saludo lo furtivo del amor de los amantes eventuales, no de los banales. Admiro su decencia de no querer perpetuar la gran emoción de los sentidos. De querer, sin embargo, volver eterna la sensación del momento vivido, de ese instante pleno donde en reserva deben amarse dos en secreto, fuera de las miradas ajenas que condenan lo prohibido y propician lo escondido.

No son terceros quienes causas tal interdicción, son los mismos amantes asesinos de su condición. Son los amantes mismos dueños de su prohibición fruto de su cobardía. Penuria no de la vergüenza del qué dirán, sino de la propiedad privada. Vergüenza y miedo a la propiedad privada del sentido puro del ser querido sempiternamente. Cobardía a saberse unido, espanto a saber haber pertenecido.

jueves, agosto 02, 2007

En ti

Despierto cada madrugada en sudor con olor a ti, a tu recuerdo, a tus ansias, a tus movimientos, a tu pasión, a tu sexo. Siento aún el recorrido de tu humedad sobre mí. El lento movimiento de la lengua tuya con pasmado péndulo sobre mi cuello en dirección al sur en busca de calor mutuo que nos aísle del mundo de fuera. Extraño ese rose constante de tu vientre contra mí fruto de moverme dentro tuyo, de saber que eres quien domina la escena de mis sensaciones y excitaciones.

Recorro en mi mente –pues no me queda mejor remedio- el camino trazado y tomado hasta tus senos que tiernamente y sin condiciones amarran mis manos cada vez que te quiero sin ropas o cada vez que me das con tu mirada el permiso de sentirme único dentro de ti.

En este momento recuerdo todo detalle, pese a que te rodean otras cuatro paredes que crean un espacio lejano a mí y a mi imaginación. Recuerdo, sin embargo, que esas mismas cuatro paredes abrigaron nuestros cuerpos semidesnudos, uno sobre el otro, para juntar la desesperación de no tenerse y calmar con fuego el fuego que ardía dentro nuestro. Calmaste y agitaste con gestos tiernamente obscenos la locura del penetrar en tus pensamientos, en tus ojos y en donde se unen tus piernas para cobijar la prueba firme de mi excitación.