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martes, abril 20, 2010

Formas



Dejé que el tiempo lo consuma, que exprese su indiferencia contra el aire y que haga cenizas de tu aroma. Pensé en surcos nuevamente irrigados en mis mejillas cuando supe de las tribulaciones que fluyen nuevamente en tus venas y son –nuevamente- tu energía de vivir, de dar el paso que no deseo que des.

Tus pupilas ya no cantan, ni brillan. No son espejo. No son realidad. Son reproducción de óleo, son sol de invierno, son rosas en el cementerio, son tetas de maniquí, son corazón de alquiler, son alma sin vocación, je vois un bleu plus bleu que tes yeux.

No parto. Partes para vivir…con él.

martes, setiembre 29, 2009

Dormí contigo


Paris derramó la lágrima más triste en mi rostro,

pero a la vez fue la más alegre, tremenda contradicción.

La tristeza de no tenerte produjo mares en mis ojos,

mares incontenibles, que no paran desde hace semanas.

Esa dura tempestad sería capaz de hundir barcos,

tan fácilmente como destrozar corazones deshechos

en el día más soleado de un florido verano

donde tus ojos son látigos de felicidad.


Sin embargo, esta vez, la tempestad fue alegre, viva.

Aquella lágrima recorrió mi nariz y mejilla suavemente,

casi como si no tocara mi piel, sino simplemente la rozara.

un roce que sólo he sentido perpetrado por tus dedos.


Estabas presente, sin duda, en esa lágrima dulce.

Esa lágrima dulce eras tú, lo sentí en la oscuridad del cuarto.

En ese instante se acabó la soledad, se acabó la tristeza.

Entró en mí la calma, se fueron las dudas y se arrimó el sueño.


Dormí contigo.

jueves, setiembre 24, 2009

Presente sin estar

Proceso en silencio brutal el largo recorrido entre los sonidos de la aguja que marca los segundos en mi reloj. En ninguno de ellos apareces pero en todos te haces presente.


La extraña magia de tus ojos juega un truco a mi solitaria mente haciéndola creer que a mi lado estás. No veo tus manos posarse sobre mi rostro pero siento tus caricias.


Cada paso en Paris es un nuevo conocer que me reclama compañía, la tuya, para el simple comentario o el profundo reflexionar. Ni tus oídos oyen ni tus comentarios se escuchan pero siempre siento un sonido de respuesta tuya.


Las estaciones del metro son más solitarias cuando hay más gente que se empuja y ni se mira, como si se tratase de mundos paralelos individuales. Sólo tú, sin estar, me haces sentir en dúo, en pareja, en alianza y en complicidad.


Es sólo en el sexo donde esa pertenencia pierde significancia en tanto sin ti no hay más que ágiles manos sin sabor a amor, casi como un acto de autoprostitución.

lunes, setiembre 14, 2009

Desde que llegué a esta ciudad no ha habido día en que mi tristeza no se materialice en lágrimas. En ocasiones son momentos largos, en otras ocasiones son momentos cortos pero intensos.

La nostalgia de tu amor no tiene modales. Me arriba en cualquier hora y en cualquier lugar. No soporta las calles románticas, los puentes llenos de sentimientos ni las miradas que otros amantes se dan. Mis sentimientos simplemente afloran sin importarle ni mi propio cuerpo.

Los ojos húmedos me hacen sentir cercano a ti. Eso es bueno y malo. Malo, por supuesto, por el dolor pero bueno porque en cada tristeza te veo a mi lado, te imagino más cerca, escucho tu voz y hasta siento tu aroma.

También tengo momento de felicidad con estas mismas extensiones, afortunadamente. La mezcla de ambas me hace vivir y me da fuerzas para continuar con esta puta decisión de separarnos sólo en la distancia más no en el corazón. ¡Salud, por un futuro juntos!

jueves, junio 26, 2008

Deuda maldita

Una deuda maldita le jala el cabello a Rosalía cada noche en la cama de un hotel barato mientras, entre carnes trémulas, finge un orgasmo contemplando los minutos restantes de su alquilado cuerpo. En su mente planifica sus pasos siguientes, tan inútiles como el acto tan desprotegido de abrir sus piernas a hombres desconocidos. Piensa en el hueco de su chompa y en lo ajado que está su vestido. Recuerda que la ruta 39 ya no pasa a las 11 de la noche y que se verá obligada a caminar varias cuadras más hasta alcanzar el bus que la lleva a su destino. Sabe, ahora, que pasará por aquella pared larga despintada por la lluvia del invierno lacerante de la ciudad que le recuerda la tormentosa relación con su alcohólico padre. Sabe, sin embargo, que al final de esa larga pared se encontrará con el amable Rodrigo, esperándola mientras pasea al perro, hombre con el que cada noche se acuesta reanudando la supuesta normal relación de pareja, soñando salir del hueco en el que otro hombre la puso. "Mañana", Rosalía se prometió, "soy otra".

sábado, enero 05, 2008

Al fondo del corredor, donde la luz se quiebra

Silvia lucía un tanto desengañada de sí misma quizá. Esa fue la impresión que me dejaron cinco minutos a su lado. Una chica joven con futuros deleites por delante capaces de marcar hitos en su familia pero, a la vez, opacada por el paso de los años, de sus años, sería mejor decirlo. Años en los que desde quinceañera soñaba con el típico y casi anacrónico vestido blanco en una iglesia de techo alto. En su familia es tradición que la primogénita se case con el vestido de la madre, tradición que se amarra (pues no hay otra palabra para calificar este hecho en las últimas dos generaciones) con un matrimonio temprano, casi juvenil, que no debe pasar de los 17 años (eso va para todas las hijas).

Hace 9 años, Silvia comparte su vida con un hombre para ella especial. Comparte. Un verbo algo injusto para el sacrificio que ella hace de su vida. Silvia aprendió por naturaleza (que viene de la forma en que fue criada y no realmente de la naturaleza) que la felicidad tiene forma de esos genios de lámpara del oriente. La felicidad de una mujer, bajo el concepto y el escaso espacio mental que ofrecía la crianza femenina en su familia, es ver cumplidos los deseos de la pareja en cada segundo, en cada decisión, en cada movimiento, en cada acción, en cada estúpida palabra.

Hace una hora que observo a Silvia y veo que el desencanto en sí misma debe haber crecido tanto a lo largo de estos años hasta el punto que un nombre le debería haber puesto. Se ha mimetizado y exteriorizado en su cuerpo. Una mirada casi perdida y oblicua hacia el piso es una constante en sus momentos de silencio. Dedos que se enredan y desenredan unos a los otros. Uñas que al toparse unas con otras en forma nerviosa (tic que repite hasta en los momentos de calma total) emiten clics frenéticos de un ratón de computadora operado por un adolescente impío en uno de esos juegos llenos de violencia.

Silvia ya no aguanta el escozor de ser la primogénita soltera que viene rompiendo por 12 años consecutivos la tonta tradición de su familia. En el décimo aniversario de esa cábala muerta (lo que equivale al séptimo de su actual y, valga anotar, única relación) Silvia le entregó 12 papeles a Javier cada uno declarando (unos en tinta azul y otros en negra), además de su cruel desespero, que la tranquilidad para el resto de su vida se traduce en anillos de compromiso que van de 300 dólares (felicidad instantánea) hasta unos 2.500 unidades de billetes del tío Sam (felicidad ilusoria).

Hoy día Silvia no entiende que Javier no piensa en futuro, como casi todos los hombres. Silvia no entiende que tiene la capacidad de ser alguien mejor estando con alguien mejor. Esa puta resignación le ha impuesto un techo de felicidad muy bajo y amargo en tono de tradición familiar que ella, lamentablemente, trasladará en forma de venganza hacia sus hijas y, sin darse cuenta, hacia las siguientes generaciones.

miércoles, octubre 31, 2007

Espacio en tu ausencia

Me pregunto cuántas veces necesitaré mentirme para decirme la verdad en monosílabos, para exhalar en cada vocablo, en un solo vocablo, la seguridad del león en plena caza y a la vez la confianza tímida de la liebre en el campo. En estos días tus cabellos han dejado de ser el pasto de mi almohada, el prado donde sintiéndome niño mis palmas recorren una y otra vez palpando las puntas de las espigas del trigo al sol.

La distancia entre la cama y la cocina sigue siendo la misma, ayer cuando tú la recorrías que hoy sin ti. Sin embargo, ya no la mido en pasos. La mido en recuerdos. Recuerdos de los músculos de tu espalda, músculos de filigrana tejida por un viejo artesano, que finamente se tensan y relajan debajo de tu piel de desierto en una terrible vibración en tempo sensual; músculos de tu espalda que conversan hacia los infiernos con las fibras que recorren sinuosamente tus nalgas [léase culo] que tanto ansío y que se alargan por tus piernas hasta la ruta que rige la obscenidad de tus pantorrillas y la elegancia de tus tobillos. En cifras frías el recorrido sigue estando limitado a los mismos quince pasos pero los gobierna tu recuerdo. Son quince pasos que se ahogan en tu recuerdo tierno y sexual. Son quince pasos de duración indeterminada. Son quince pasos que configuran tu triste ausencia y mi melancólica paciencia.

viernes, octubre 26, 2007

Ausencia y presencia

Sufro la ausencia de lo vivido, de aquel sabor de saberme tuyo,
de aquel tacto de tus dedos, de aquel olor en tu pecho,
es como vivir sin haber tenido, como comer sin haber comido,
como amar sin haber sufrido, como matar sin haber herido.

Es la brisa del olvido lo primero que toca y busca mi inconciente.
Rechazo total al sentimiento en rojo vivo que lacera mi gemido,
que prohíbe su reproducción en golpe efímero bajo forma demente.
Niego el consentimiento de no saber que de tu fuente he bebido.

No hay duda que, eterna, la distancia es amante de la nostalgia,
la certeza cede y se prostituye en duda en claro acto de cobardía.
Decencia es la merma de antipatías que tejió mi corazón en tu estancia,
que desde ti constituye en mi vida el lazo con mi suerte en algarabía.

lunes, agosto 13, 2007

23 años

Se acercó a la ventana para ver si hoy salía el sol que él tanto anheló en su vida, aquél por el cual valiera la pena romper ese letargo lacerante. Todo sigue igual, pensó ella, viendo desde dentro de su oscura habitación cómo las gotas de lluvia resbalaban por la ventana a centímentros de su boca que agitada empañaba el vidrio y la realidad. "Son 23 años que no sale el sol", llegan a acariciar sus labios cansados. Él, como siempre, descansa sin inmutarse, sin quejarse en lo absoluto como si la gracia del vacío lo alimentara y deleitara en cada momento.

Ella es alta, delgada y morena. En realidad, ha perdido esas características poco a poco en los últimos 23 años. Su joroba la hace ver varios centímetros más baja y el mundo le queda cada vez más grande y ajeno. Su otrora esbeltez se ha convertido en cuerpo de hambre de alma. Su hermosa piel morena, tersa y sensual ya no lo es más; la reemplaza un insípido color impuro impensable en paletas de pintores. Para él, ella fue la inspiración de sus óleos y la fuente de erotismo permanente.

Él fue igualmente alto, apuesto e inteligente. Hoy, no es más que un finado reposando en la cama donde su alma se separó de su cuerpo hace 23 años en busca del sol que quiso abrigar toda su vida. Para ella, él es la esperanza del amor verdadero perdido para siempre, la esperanza de ver el sol en cada amanecer.

jueves, agosto 02, 2007

Desierto



Cuéntame lo que hoy dijo el desierto sin ti. Dime que no es coincidencia que el sol te contara que fue el días más seco en tu ausencia y en su historia. Que por un momento la arena perdió su poesía al sentir al viento fugitivo en tu busca. Que los vientos buscan caminos inhóspitos donde encontrar el rastro de tu cabello en manos de otros vientos.

Cuéntame si es verdad que no hubo cactus que pudieran retener agua y sobrevivir en la ardiente calidez de pensar en ti y no tenerte. Que la ternura del agua se aburrió de alimentar a la enamoradiza palmera para formar refugios de ilusiones de salvación. Que no hay ya forma alguna de varar en tu desierto y morir en desesperación apasionante.

Dime si es verdad que el calor quema -y no arde- cuando tu sombra no es el rastro que sigue la mía. Que el azul del cielo se ha convertido en un óleo de un viejo artista frustrado. Que los mensajes ancestrales de los astros olvidaron sentido en todo este paisaje desolado de tu sonrisa.

Dime si todo ello es cierto, o es si es simplemente tu vacío en mis brazos en círculo.

martes, noviembre 15, 2005

Al desnudo con la melancolía


De espaldas para ocultarme, resulta claro
no deseo que me observen, prefiero esconderme
con la pena que me carcome las ropas,
siempre con la melancolía en el vaso del lado
la única que me brinda su ácida y ardiente compañía.

es el brillo del fondo de mi tristeza
lo que me empuja a escribir,
ya casi sin sentido ni sentir,
las palabras siempre me salen como navajas
que me cortan como el primer día al ladrón.

me reencuentro con la tristeza, fiel personaje,
y siento mi reencuentro triunfal con mi fiel compañía
con esa parte de mí, acaso mi sustancia,
que siempre guarda en su bolsillo su boleto de regreso.

Creo que en realidad nunca parte,
sólo duerme esperando el momento preciso,
el momento de débil trascendencia,
el momento cuando las miradas que no miran,
cuando los oídos que no escuchan,
cuando la gente de tu lado no está,
palabras inintelegibles y bien pronunciadas,
ese momento es ahora y se quedará.


(disculpen el atrevimiento del dibujo aquellos entendidos en la verdadera materia. Fue pulsión)

martes, octubre 04, 2005

La soledad me abruma, me toma, me ahoga, me inunda, me estrecha, me aprisiona, me asola, me veja, me golpea, me viola, me maltrata.

El dolor más grande es sentirse solo en medio de una multidud, de aquella multitud para la cual uno es polvo de grano de arena, es partícula de oxígeno, es parte de la nada. Y ese, creo, que es uno de mis grandes temores. Dejar el mundo y saber, entender y hacer conocido el verdadero significado de estar solo en la multitud, de haber estado rodeado siempre de gente a la que le vale madre el quehacer de uno, gente que no da medio por el contacto, gente que desde hace un buen tiempo dejó de ser gente. Es la soledad impuesta, es esa que yo no quiero sufrir más.