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martes, febrero 08, 2011

Marchas

Antes que me quieras como yo te quiero ti,
cruzo la pista que jamás te ayudé a cruzar,
para entrar al café de lujo del que nos reíamos,
y ahí, jalarle la silla a la mujer que ya no eres tú.

La guerra fría que iniciaste es ahora un hospital de rehabilitación,
huesos fracturados que ahora son callos donde otra se apoya,
con un aliento que ya no es de cerveza sino de cereza en expiración
que lucha contra el viento que te peinaba y ahora me empuja,

que me empuja, hacia adelante… cuando marcho para atrás.

domingo, enero 23, 2011

La petite misère

Mi reloj sin correa marca el minuto del golpe,
ese golpe de saber tus risas con otros
y creer, saber, que las nuestras son más ajenas,
que son menos que historia, menos que amnesia.

Nuestra distancia toma forma al colgar el teléfono,
y siento el golpe otra vez, la ráfaga de la petite misère
segundos de miedo que velan mi tarde y mi pensar
que vertebran mi angustia de no saber.

Qué forma de amar, entre la inseguridad y la indecencia,
Alimento cruel, parásito feliz, pasajero escondido.


 

jueves, agosto 12, 2010

Eso

Por las noches me pregunto, si eso lo dijiste en serio,
Si eso que dijiste en serio es en realidad lo que quieres decir,
Si eso que quisiste decir es en realidad lo que quieres,
Si eso que quieres refleja con justicia lo que sientes,
Si eso que sientes en verdad lo dijiste en serio,
Si eso que dijiste en serio es en realidad lo que quieres decir,

jueves, junio 10, 2010

Retazo de sueño

Un jirón de sol rodaba sobre tu espalda al lento compás del viento,
dejando al descubierto tu piel de terciopelo y tus vellos color oro,
sonreías con la seguridad de una reina sin descendencia en su castillo,
tan fresca como si un orgasmo acabara de dejar su factura en tus labios.

Te miraba con la ansiedad de quien aún cree en la alquimia como religión,
te espiaba con la sutileza del mar azotando un velero de competencia,
evidentemente me sentía más lejano a ti mientras más me acercaba,
era uno de esos días en los que deseo que amanezca anocheciendo.

martes, junio 01, 2010

Nadia

Nadia hoy vuelve a cerrar sus ojos durante el trabajo, pensando en él, en cuándo vendrá nuevamente, en cómo él entró al cuarto aquella primera vez despojándola de la frialdad de su piel, en cómo salió dejando un aire de esperanza que su memoria no deja de abrazar, en cómo al salir dejó una puerta a medio abrir que llena cada sábado.

Una racha de amor sin apetito, cantaba Sabina, detrás de las paredes. Un sábado más, se repetía Nadia detrás de su uniforme de trabajo que ya empezaba a raerse. La fricción corroe. Segunda hora de trabajo, cerró nuevamente los ojos, pensando que pronto tendría que regresar a la tienda de lencería donde habitualmente compraba su uniforme. Sí, esa tienda donde el vendedor hablaba con los ojos y olía con las manos. Un repugnante más.

Cuarta hora de trabajo, entra el cuarto cliente. Nadia, sentada de espaldas a la puerta, viva sin alma, con aliento de tísico, ojos abiertos. Retumba en su nariz, luego en su mente, rápidamente en su corazón, el olor de él. Son sus pisadas, se dice ella. Es su ritmo al caminar, es su rutina de desvestirse, se confirma ella misma: Él baja el cierre de su casaca en dos tiempos, se la quita primero por el brazo izquierdo y luego en el cascarón de madera que llaman silla.

Sin casaca pero desvestido en sentimientos, él se acerca sin acechar. Nadia, aún sin voltear, ve que su piel toma color, multicolor. Crecen flores por sus poros, sus hombros se convierten en colinas, en trayectos, en rutas, en bienvenida. Tiembla, como siempre, cruje como la madera seca.

La rutina de estos amantes se inicia. Echados, frente a frente, se miran a los ojos durante lo que dura el simulado contrato de alquiler. Nunca hablan, no hace falta. Miradas húmedas en ocasiones, ojos que recorren el rostro del otro, angustias contadas en silencio. Esperanzas de algo por venir, le pregunta a él con los ojos. Él responde sin hablar.

Foto de: Blog de Emma Sopeña

miércoles, mayo 05, 2010

¿Pretexto?

Termino el arma suicida. Un poema con vida, grupos de letras, manadas de palabras, rayos de líneas, manchas de párrafos en una hoja suelta color amarillo. Tres párrafos, veinte líneas, cincuentaiún palabras y demasiadas letras.

Es el proyecto para partir sin puerto, es el plan y el pago por vender mi alma, es la esperanza de tu alegría y el anticipo de mi tristeza.

Dejo en esta hoja, amarilla ya lo dije, testimonio de lo que en realidad no pienso, no siento, no anhelo, no quiero.  Sobre mi almohada, que tuya hiciste, yace ésta, tu futura felicidad:

Por siempre querida Ana:

Una excusa es lo que menos tengo […]

[…]

Un cobarde [más valiente que todos tus futuros amantes]

martes, abril 20, 2010

Formas



Dejé que el tiempo lo consuma, que exprese su indiferencia contra el aire y que haga cenizas de tu aroma. Pensé en surcos nuevamente irrigados en mis mejillas cuando supe de las tribulaciones que fluyen nuevamente en tus venas y son –nuevamente- tu energía de vivir, de dar el paso que no deseo que des.

Tus pupilas ya no cantan, ni brillan. No son espejo. No son realidad. Son reproducción de óleo, son sol de invierno, son rosas en el cementerio, son tetas de maniquí, son corazón de alquiler, son alma sin vocación, je vois un bleu plus bleu que tes yeux.

No parto. Partes para vivir…con él.

jueves, octubre 08, 2009

Desencajo y desafinación

Su mirada centrada en el vacío de la sala de baile mandaba señales incomprensibles e indescifrables. Ella bailaba con su hijo de 10 años un animoso Charleston que emitía dulces sonidos que, sin embargo, reñían con el fruncido ceño de ella y con su curtida piel tan ajada como la amargura de darse cuenta, cerca al medio siglo que vida, que falta muchas estrellas por conocer y que queda tinta en la pluma que nunca conocerá un papel.

La imagen no era ironía ni contradicción. Era el desencajo total de una mujer que decidió dejar de vivir para sí misma el día que otro decidió dejar de vivir para ella. Otro que ya no bailaría con ella ni media pieza de Charleston ni los bailes de sus caderas. El desencajo era de corazón.

El trompetista más triste de la orquesta fue el único que la notó. Él, como ella, tiene muchos otoños en sus espaldas pero pocos veranos primos. El desenfreno apático que le dio apellido a su vida también es una forma de muerte en vida. Era la cacofonía total de un hombre que dejó de exhalar “te amo” el día que todas las otras dejaron de inhalarlo. En la orquesta, él era el único que desafinaba. Desafinaba de corazón...

Fin alternativo 1. Sugiero leer escuchando:


De repente, dos miradas se cruzan, se entrelazan, se tensan. Las notas de la trompeta rompen la alegría del salón de baile con ritmos muy afinados y apuntados atrevidamente hacia Ella. Dos miradas fijas, una a la otra, y veranos por florecer. La afinación terminó con el desencajo.

Fin alternativo 2. Sugiero leer escuchando:


Mares de gente estorban las notas que la empeñosa trompeta busca exhalar hacia Ella. A medida que el blanco se hace nuboso y lejano, las más tristes y sombrías melodías de Miles Davis se van apoderando de la trompeta, de Él. No summertime, un otoño más.


(¿cuál te gustó más?)
.

martes, setiembre 29, 2009

Dormí contigo


Paris derramó la lágrima más triste en mi rostro,

pero a la vez fue la más alegre, tremenda contradicción.

La tristeza de no tenerte produjo mares en mis ojos,

mares incontenibles, que no paran desde hace semanas.

Esa dura tempestad sería capaz de hundir barcos,

tan fácilmente como destrozar corazones deshechos

en el día más soleado de un florido verano

donde tus ojos son látigos de felicidad.


Sin embargo, esta vez, la tempestad fue alegre, viva.

Aquella lágrima recorrió mi nariz y mejilla suavemente,

casi como si no tocara mi piel, sino simplemente la rozara.

un roce que sólo he sentido perpetrado por tus dedos.


Estabas presente, sin duda, en esa lágrima dulce.

Esa lágrima dulce eras tú, lo sentí en la oscuridad del cuarto.

En ese instante se acabó la soledad, se acabó la tristeza.

Entró en mí la calma, se fueron las dudas y se arrimó el sueño.


Dormí contigo.

jueves, setiembre 24, 2009

Presente sin estar

Proceso en silencio brutal el largo recorrido entre los sonidos de la aguja que marca los segundos en mi reloj. En ninguno de ellos apareces pero en todos te haces presente.


La extraña magia de tus ojos juega un truco a mi solitaria mente haciéndola creer que a mi lado estás. No veo tus manos posarse sobre mi rostro pero siento tus caricias.


Cada paso en Paris es un nuevo conocer que me reclama compañía, la tuya, para el simple comentario o el profundo reflexionar. Ni tus oídos oyen ni tus comentarios se escuchan pero siempre siento un sonido de respuesta tuya.


Las estaciones del metro son más solitarias cuando hay más gente que se empuja y ni se mira, como si se tratase de mundos paralelos individuales. Sólo tú, sin estar, me haces sentir en dúo, en pareja, en alianza y en complicidad.


Es sólo en el sexo donde esa pertenencia pierde significancia en tanto sin ti no hay más que ágiles manos sin sabor a amor, casi como un acto de autoprostitución.

lunes, setiembre 14, 2009

Desde que llegué a esta ciudad no ha habido día en que mi tristeza no se materialice en lágrimas. En ocasiones son momentos largos, en otras ocasiones son momentos cortos pero intensos.

La nostalgia de tu amor no tiene modales. Me arriba en cualquier hora y en cualquier lugar. No soporta las calles románticas, los puentes llenos de sentimientos ni las miradas que otros amantes se dan. Mis sentimientos simplemente afloran sin importarle ni mi propio cuerpo.

Los ojos húmedos me hacen sentir cercano a ti. Eso es bueno y malo. Malo, por supuesto, por el dolor pero bueno porque en cada tristeza te veo a mi lado, te imagino más cerca, escucho tu voz y hasta siento tu aroma.

También tengo momento de felicidad con estas mismas extensiones, afortunadamente. La mezcla de ambas me hace vivir y me da fuerzas para continuar con esta puta decisión de separarnos sólo en la distancia más no en el corazón. ¡Salud, por un futuro juntos!

jueves, julio 31, 2008

Angustia

Hoy me apresó la angustia de que algún día partas. La angustia de no tenerte alguna tarde a mi lado, apretando mi mano y mirando el sol bajar entre los edificios. La angustia de perder el reflejo del sol en tus ojos y de no volver a probar el sabor de tu piel. Es una angustia rara. Es casi la sensación del improbable naufragio, del irreal choque, del irrealizable premio de lotería. Es la melancolía de un objeto que no se ha sido. Quizá sólo sea el momento de soledad que me embarga. Quizás sean las malas notificas de amigos de nuestro alrededor. Quizá sean las ganas de reflotar todo barco que aún no se ha hundido. Quizás sean solo las ganas de estar a tu lado.

domingo, junio 15, 2008

Adulterando los sentidos

Lleno el vacío sepulcral con la esperanza color de tus ojos,
empujo la idea de muerte presentándole tus ganar de vivir,
engaño al cruel destino con la ayuda de tu sonrisa matinal,
traiciono al temor lacerante haciendo mía tu ideología,
esquivo el pecado original con la astucia de las curvas de tu cuerpo,
miento a los últimos minutos de la noche jugando a ser tu poeta.

sábado, enero 05, 2008

Al fondo del corredor, donde la luz se quiebra

Silvia lucía un tanto desengañada de sí misma quizá. Esa fue la impresión que me dejaron cinco minutos a su lado. Una chica joven con futuros deleites por delante capaces de marcar hitos en su familia pero, a la vez, opacada por el paso de los años, de sus años, sería mejor decirlo. Años en los que desde quinceañera soñaba con el típico y casi anacrónico vestido blanco en una iglesia de techo alto. En su familia es tradición que la primogénita se case con el vestido de la madre, tradición que se amarra (pues no hay otra palabra para calificar este hecho en las últimas dos generaciones) con un matrimonio temprano, casi juvenil, que no debe pasar de los 17 años (eso va para todas las hijas).

Hace 9 años, Silvia comparte su vida con un hombre para ella especial. Comparte. Un verbo algo injusto para el sacrificio que ella hace de su vida. Silvia aprendió por naturaleza (que viene de la forma en que fue criada y no realmente de la naturaleza) que la felicidad tiene forma de esos genios de lámpara del oriente. La felicidad de una mujer, bajo el concepto y el escaso espacio mental que ofrecía la crianza femenina en su familia, es ver cumplidos los deseos de la pareja en cada segundo, en cada decisión, en cada movimiento, en cada acción, en cada estúpida palabra.

Hace una hora que observo a Silvia y veo que el desencanto en sí misma debe haber crecido tanto a lo largo de estos años hasta el punto que un nombre le debería haber puesto. Se ha mimetizado y exteriorizado en su cuerpo. Una mirada casi perdida y oblicua hacia el piso es una constante en sus momentos de silencio. Dedos que se enredan y desenredan unos a los otros. Uñas que al toparse unas con otras en forma nerviosa (tic que repite hasta en los momentos de calma total) emiten clics frenéticos de un ratón de computadora operado por un adolescente impío en uno de esos juegos llenos de violencia.

Silvia ya no aguanta el escozor de ser la primogénita soltera que viene rompiendo por 12 años consecutivos la tonta tradición de su familia. En el décimo aniversario de esa cábala muerta (lo que equivale al séptimo de su actual y, valga anotar, única relación) Silvia le entregó 12 papeles a Javier cada uno declarando (unos en tinta azul y otros en negra), además de su cruel desespero, que la tranquilidad para el resto de su vida se traduce en anillos de compromiso que van de 300 dólares (felicidad instantánea) hasta unos 2.500 unidades de billetes del tío Sam (felicidad ilusoria).

Hoy día Silvia no entiende que Javier no piensa en futuro, como casi todos los hombres. Silvia no entiende que tiene la capacidad de ser alguien mejor estando con alguien mejor. Esa puta resignación le ha impuesto un techo de felicidad muy bajo y amargo en tono de tradición familiar que ella, lamentablemente, trasladará en forma de venganza hacia sus hijas y, sin darse cuenta, hacia las siguientes generaciones.

domingo, diciembre 23, 2007

En la puerta del bar

Una deuda pendiente me arroja al bar de siempre, donde dejé aliento solitario en ese vaso empañado y lleno de whisky pero siempre dispuesto a escuchar mis conversaciones. Nuevamente mis dientes se encuentran bruscamente con el vidrio del vaso, mis labios se entumecen con el hielo del placer del primer sorbo.

Mi hombro toma vida y se atreve a pedir recompenza por tu cabeza, al mismo tiempo que mi pecho reclama el masaje de tu cabello liso de olor a seda. El anonimato no es ya una cuestión más, un issue. Llega un momento en que el viento ya no corta la cara ni el cesped raspa las piernas. Mi cuello reclama en su propio nombre la pertenencia de tu boca hallada culpable de delitos habituales urdidos en mi piel, contenta y permisiva de tu impunidad.

Una especie de suspiro conspira contra mi oreja y la vuelve dominante en mi cuerpo. Giro en torno a la puerta de entrada, culpable inaudita de la imagen de tu silueta alta y fina presente en mi imaginario, y veo una vez más...creo ver, una vez más, la imagen que consuela y que hace del whisky del fin de semana una entrada a nuestor paraiso, y no un reencuentro con mi ser.

miércoles, octubre 31, 2007

Espacio en tu ausencia

Me pregunto cuántas veces necesitaré mentirme para decirme la verdad en monosílabos, para exhalar en cada vocablo, en un solo vocablo, la seguridad del león en plena caza y a la vez la confianza tímida de la liebre en el campo. En estos días tus cabellos han dejado de ser el pasto de mi almohada, el prado donde sintiéndome niño mis palmas recorren una y otra vez palpando las puntas de las espigas del trigo al sol.

La distancia entre la cama y la cocina sigue siendo la misma, ayer cuando tú la recorrías que hoy sin ti. Sin embargo, ya no la mido en pasos. La mido en recuerdos. Recuerdos de los músculos de tu espalda, músculos de filigrana tejida por un viejo artesano, que finamente se tensan y relajan debajo de tu piel de desierto en una terrible vibración en tempo sensual; músculos de tu espalda que conversan hacia los infiernos con las fibras que recorren sinuosamente tus nalgas [léase culo] que tanto ansío y que se alargan por tus piernas hasta la ruta que rige la obscenidad de tus pantorrillas y la elegancia de tus tobillos. En cifras frías el recorrido sigue estando limitado a los mismos quince pasos pero los gobierna tu recuerdo. Son quince pasos que se ahogan en tu recuerdo tierno y sexual. Son quince pasos de duración indeterminada. Son quince pasos que configuran tu triste ausencia y mi melancólica paciencia.

viernes, octubre 26, 2007

Ausencia y presencia

Sufro la ausencia de lo vivido, de aquel sabor de saberme tuyo,
de aquel tacto de tus dedos, de aquel olor en tu pecho,
es como vivir sin haber tenido, como comer sin haber comido,
como amar sin haber sufrido, como matar sin haber herido.

Es la brisa del olvido lo primero que toca y busca mi inconciente.
Rechazo total al sentimiento en rojo vivo que lacera mi gemido,
que prohíbe su reproducción en golpe efímero bajo forma demente.
Niego el consentimiento de no saber que de tu fuente he bebido.

No hay duda que, eterna, la distancia es amante de la nostalgia,
la certeza cede y se prostituye en duda en claro acto de cobardía.
Decencia es la merma de antipatías que tejió mi corazón en tu estancia,
que desde ti constituye en mi vida el lazo con mi suerte en algarabía.

Ahí

Cada esquina que giro, cada carro que miro,
cada blues que me grita, cada nota que regurgita,
cada pájaro que vuela, cada pluma que se balancea,
cada luz que me ciega, cada parpadear que me golpea,
cada niño que corre, cada mamá que lo socorre.

Cada peldaño que subo, cada golpe que engullo,
cada sonrisa que me he perdido, cada alegría que no he vivido,
cada pensamiento dado sin eco, cada palabra cae en un hueco,
cada saliva que sigue conmigo, cada lengua que espera abrigo,
cada silencio que me aborda, cada espacio que no lo soporta.

Cada comida que no he ingerido, cada trago que no he bebido,
cada gemido no escuchado, cada jugueteo que no hemos dado,
cada llamada que no recibo, cada sonido que esquivo,
cada caricia interrumpida, cada mano reprimida,
cada ausencia tuya, eso soy yo sin ti.

lunes, agosto 20, 2007

Esa mujer (Filio)

Estuve releyendo los signos que me llevaron a esta felicidad y llegué nuevamente a esta letra que ilumina hoy mi pensar en ti, y que eriza mi piel mientras la escucho en la guitarra de ese mágico mejicano.

Esa mujer (Alejandro Filio)

Se queda como piedra en mis sentidos,
jugando con mi piel y su niñez.
Se lleva mis palomas hasta su nido,
les enseña a volar y a conocer.

Mi soledad se volvió imposible en su voz,
dividió la luna entre dos
tomando su parte.

Es la verdad,

esa mujer entró en mi canción
y no será sencillo callar su amor.

Con un listón de estrellas se ata el cabello,
se adorna la cintura con el sol
y luego entra despacio en mi pensamiento
quedándose completa en mi ilusión.

Y mi soledad se volvió imposible en su voz,
dividió la luna entre dos
tomando su parte.


Es la verdad,
esa mujer entró en mi canción
y no será sencillo callar su amor,
y no será sencillo callar su amor.

lunes, agosto 13, 2007

23 años

Se acercó a la ventana para ver si hoy salía el sol que él tanto anheló en su vida, aquél por el cual valiera la pena romper ese letargo lacerante. Todo sigue igual, pensó ella, viendo desde dentro de su oscura habitación cómo las gotas de lluvia resbalaban por la ventana a centímentros de su boca que agitada empañaba el vidrio y la realidad. "Son 23 años que no sale el sol", llegan a acariciar sus labios cansados. Él, como siempre, descansa sin inmutarse, sin quejarse en lo absoluto como si la gracia del vacío lo alimentara y deleitara en cada momento.

Ella es alta, delgada y morena. En realidad, ha perdido esas características poco a poco en los últimos 23 años. Su joroba la hace ver varios centímetros más baja y el mundo le queda cada vez más grande y ajeno. Su otrora esbeltez se ha convertido en cuerpo de hambre de alma. Su hermosa piel morena, tersa y sensual ya no lo es más; la reemplaza un insípido color impuro impensable en paletas de pintores. Para él, ella fue la inspiración de sus óleos y la fuente de erotismo permanente.

Él fue igualmente alto, apuesto e inteligente. Hoy, no es más que un finado reposando en la cama donde su alma se separó de su cuerpo hace 23 años en busca del sol que quiso abrigar toda su vida. Para ella, él es la esperanza del amor verdadero perdido para siempre, la esperanza de ver el sol en cada amanecer.