jueves, agosto 12, 2010
Eso
martes, junio 01, 2010
Nadia
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| Foto de: Blog de Emma Sopeña |
miércoles, mayo 05, 2010
¿Pretexto?
martes, abril 20, 2010
Formas
jueves, octubre 08, 2009
Desencajo y desafinación
La imagen no era ironía ni contradicción. Era el desencajo total de una mujer que decidió dejar de vivir para sí misma el día que otro decidió dejar de vivir para ella. Otro que ya no bailaría con ella ni media pieza de Charleston ni los bailes de sus caderas. El desencajo era de corazón.
El trompetista más triste de la orquesta fue el único que la notó. Él, como ella, tiene muchos otoños en sus espaldas pero pocos veranos primos. El desenfreno apático que le dio apellido a su vida también es una forma de muerte en vida. Era la cacofonía total de un hombre que dejó de exhalar “te amo” el día que todas las otras dejaron de inhalarlo. En la orquesta, él era el único que desafinaba. Desafinaba de corazón...
Fin alternativo 1. Sugiero leer escuchando:
Fin alternativo 2. Sugiero leer escuchando:
martes, setiembre 29, 2009
Dormí contigo
Paris derramó la lágrima más triste en mi rostro,
pero a la vez fue la más alegre, tremenda contradicción.
La tristeza de no tenerte produjo mares en mis ojos,
mares incontenibles, que no paran desde hace semanas.
tan fácilmente como destrozar corazones deshechos
en el día más soleado de un florido verano
donde tus ojos son látigos de felicidad.
Sin embargo, esta vez, la tempestad fue alegre, viva.
Aquella lágrima recorrió mi nariz y mejilla suavemente,
casi como si no tocara mi piel, sino simplemente la rozara.
un roce que sólo he sentido perpetrado por tus dedos.
Estabas presente, sin duda, en esa lágrima dulce.
Esa lágrima dulce eras tú, lo sentí en la oscuridad del cuarto.
En ese instante se acabó la soledad, se acabó la tristeza.
Entró en mí la calma, se fueron las dudas y se arrimó el sueño.
Dormí contigo.
jueves, setiembre 24, 2009
Presente sin estar
Proceso en silencio brutal el largo recorrido entre los sonidos de la aguja que marca los segundos en mi reloj. En ninguno de ellos apareces pero en todos te haces presente.
La extraña magia de tus ojos juega un truco a mi solitaria mente haciéndola creer que a mi lado estás. No veo tus manos posarse sobre mi rostro pero siento tus caricias.
Cada paso en Paris es un nuevo conocer que me reclama compañía, la tuya, para el simple comentario o el profundo reflexionar. Ni tus oídos oyen ni tus comentarios se escuchan pero siempre siento un sonido de respuesta tuya.
Las estaciones del metro son más solitarias cuando hay más gente que se empuja y ni se mira, como si se tratase de mundos paralelos individuales. Sólo tú, sin estar, me haces sentir en dúo, en pareja, en alianza y en complicidad.
Es sólo en el sexo donde esa pertenencia pierde significancia en tanto sin ti no hay más que ágiles manos sin sabor a amor, casi como un acto de autoprostitución.
jueves, julio 31, 2008
Angustia
jueves, junio 26, 2008
Deuda maldita
viernes, octubre 26, 2007
Prosa apátrida 5
No sorprende, entonces, que después de leerlo me den más ganas de leerlo y menos de vaciar mi "talento" en este blog. Leyendo "Prosas Apátridas" me sentí reconfortado en esa literatura ágil, pensante, graciosa, tajante y hasta erótica. Es en ese último puente con mis sentidos donde me sentí identificado y te vi señalada. Les dejo la prosa 5, te la dejo a ti:
Conocer el cuerpo de una mujer es una tarea tan lenta y encomiable como aprender una lengua muerta. Cada noche se añade una nueva comarca a nuestro placer y un nuevo signo a nuestro ya cuantioso vocabulario. Pero siempre quedarán misterios por desvelar. El cuerpo de una mujer, todo cuerpo humano, es por definición infinito. Uno empieza por tener acceso a la mano, ese apéndice utilitario, instrumental, del cuerpo, siempre descubierto, siempre dispuesto a entregarse a no importa quién, que trafica con toda suerte de objetos y ha adquirido, a fuerza de sociabilidad, un carácter casi impersonal y anodino, como el del funcionario o portero del palacio humano. Pero es lo que primero se conoce: cada dedo se va individualizando, adquiere un nombre de familia, y luego cada uña, cada vena, cada arruga, cada imperceptible lunar. Además no es sólo la mano la que conoce la mano: también los labios conocen la mano y entonces se añade un sabor, un olor, una consistencia, una temperatura, un grado de suavidad o de aspereza, una comestibilidad. Hay manos que se devoran como el ala de un pájaro; otras se atracan en la garganta como un eterno cadalso. ¿Y qué decir del brazo, del hombro, del seno, del muslo, de…? Apollinaire habla de las Siete Puertas del cuerpo de una mujer. Apreciación arbitraria. El cuerpo de una mujer no tiene puertas, como el mar.
Ahí
cada blues que me grita, cada nota que regurgita,
cada pájaro que vuela, cada pluma que se balancea,
cada luz que me ciega, cada parpadear que me golpea,
cada niño que corre, cada mamá que lo socorre.
Cada peldaño que subo, cada golpe que engullo,
cada sonrisa que me he perdido, cada alegría que no he vivido,
cada pensamiento dado sin eco, cada palabra cae en un hueco,
cada saliva que sigue conmigo, cada lengua que espera abrigo,
cada silencio que me aborda, cada espacio que no lo soporta.
Cada comida que no he ingerido, cada trago que no he bebido,
cada gemido no escuchado, cada jugueteo que no hemos dado,
cada llamada que no recibo, cada sonido que esquivo,
cada caricia interrumpida, cada mano reprimida,
cada ausencia tuya, eso soy yo sin ti.
jueves, agosto 02, 2007
En ti
Recorro en mi mente –pues no me queda mejor remedio- el camino trazado y tomado hasta tus senos que tiernamente y sin condiciones amarran mis manos cada vez que te quiero sin ropas o cada vez que me das con tu mirada el permiso de sentirme único dentro de ti.
En este momento recuerdo todo detalle, pese a que te rodean otras cuatro paredes que crean un espacio lejano a mí y a mi imaginación. Recuerdo, sin embargo, que esas mismas cuatro paredes abrigaron nuestros cuerpos semidesnudos, uno sobre el otro, para juntar la desesperación de no tenerse y calmar con fuego el fuego que ardía dentro nuestro. Calmaste y agitaste con gestos tiernamente obscenos la locura del penetrar en tus pensamientos, en tus ojos y en donde se unen tus piernas para cobijar la prueba firme de mi excitación.
Desierto
Cuéntame lo que hoy dijo el desierto sin ti. Dime que no es coincidencia que el sol te contara que fue el días más seco en tu ausencia y en su historia. Que por un momento la arena perdió su poesía al sentir al viento fugitivo en tu busca. Que los vientos buscan caminos inhóspitos donde encontrar el rastro de tu cabello en manos de otros vientos.
Cuéntame si es verdad que no hubo cactus que pudieran retener agua y sobrevivir en la ardiente calidez de pensar en ti y no tenerte. Que la ternura del agua se aburrió de alimentar a la enamoradiza palmera para formar refugios de ilusiones de salvación. Que no hay ya forma alguna de varar en tu desierto y morir en desesperación apasionante.
Dime si es verdad que el calor quema -y no arde- cuando tu sombra no es el rastro que sigue la mía. Que el azul del cielo se ha convertido en un óleo de un viejo artista frustrado. Que los mensajes ancestrales de los astros olvidaron sentido en todo este paisaje desolado de tu sonrisa.
Dime si todo ello es cierto, o es si es simplemente tu vacío en mis brazos en círculo.
martes, julio 17, 2007
La distancia
El aire que nos rodea huele a distancia que no se deja ver
desde que un segundo demora tu voz en llegar a mis oídos.
Doy cuenta que regresar al hogar cambia de orden a caos
si la seguridad de tenerte en la misma ciudad desaparece,
sobre todo si debo conformarme con el sonido de tu aliento
y añorar su gusto sobre mis labios húmedos.
Cierto es que la imagen de la noche mutó hoy sus colores.
La luna se dice triste y se miente toda la noche tras una nube,
las estrellas echan de menos reflejar con brillo en tus pupilas,
el aire pierde su orientación y deambula al no tenerte de vela,
y yo, aquí, jugando a decir lo que siento en formas que no te merecen.
Me aferro a la pena nostálgica de Víctor Hugo
y la transformo en la razón y esperanza de la espera:
je respire oú tu palpites...
